lunes, 5 de noviembre de 2012

EL CAMINO A LOS INFIERNOS



Hace unos días me invitaron de una emisora (Onda Regional de Murcia) para que interviniera en un diálogo sobre el demonio y las posesiones. Estábamos dos sacerdotes, un psiquiatra, un psicólogo y un experto en fenómenos paranormales. Cada uno expuso su criterio, algunos aportamos también nuestra experiencia en exorcismos. Estábamos de acuerdo todos en algo fundamental: hay que delimitar muy bien lo que puede ser un trastorno psíquico de lo que se puede considerar una posesión diabólica.

La Iglesia, cuando se le solicita un exorcismo, aconseja como norma que antes se acuda a la consulta del psiquiatra, o psicólogo. Muchos casos son puras anormalidades que han de ser tratadas por la ciencia. Cuando la ciencia ya no puede llegar más allá, y el afectado sigue mostrando síntomas de una situación extraña grave que le hace sufrir, y no hay modo de sanarlo con persuasión o fármacos, entonces está previsto en el ritual de exorcismo someterlo a una serie de pruebas que puedan determinar el carácter sobrehumano de su lamentable situación. Se le habla en lenguas desconocidas para esa persona y ver si responde con exactitud. Comprobar sus reacciones ante objetos sagrados: crucifijo, Biblia, agua bendita, imágenes de la Virgen, etc. Si es una auténtica posesión diabólica la reacción es de extrema violencia sobrehumana. Es entonces cuando se puede comenzar el rito del exorcismo, que puede durar tiempo, hasta que la persona vuelva a la normalidad.

El demonio existe. Es uno de esos misterios en los que se demuestra hasta qué punto Dios respeta la libertad de sus criaturas, aunque sean ángeles. El demonio, o los demonios, son la total oposición a Dios con un odio que solo se explica por la fuerza sobrenatural que poseen estas criaturas que un día dijeron a Dios que no, con todas sus consecuencias. Y estos seres intentan hacer proselitismo infiltrándose en el ser humano y en la sociedad.

Ya se que muchos, incluidos teólogos, ponen en duda la existencia del demonio. Pero aparece claramente en el Nuevo Testamento tentando nada menos que al mismo Cristo. El Señor expulsó demonios. Y enseñó a sus apóstoles lo que hay que hacer en el caso de ciertas posesiones graves. "Estos demonios solo se expulsan con oración y ayuno", le dijo a los Apóstoles que se quejaban de no haber podido expulsar ellos mismo al demonio de un poseído.

Cuando circulo por la carretera en cierta dirección veo siempre un letrero curioso que te indica el camino hacia una aldea. Se llama nada menos que Los Infiernos. De allí eran unos conocidos míos. El nombre es curioso y resulta violento, o un tanto jocoso, a los moradores decir que ellos viven en Los Infiernos. Naturalmente que es un nombre, que tal vez haga referencia a algún signo o situación que evoque tal lugar siniestro en el otro mundo. Pero a todo el que pasa por esta autovía murciana le llama la atención. A mí me sugirió el día de Todos los Santos, cuando pasaba por allí, publicar este artículo, que completaré con un trabajo titulado "Un exorcista entrevista al Diablo", que al menos es curioso por los matices que nos ofrece sobre lo que piensan y cómo actúan los demonios.

El demonio, o los demonios, existen. Y sus efectos se dejan ver en amplios sectores de una sociedad que parece dar las espaldas a Dios. Yo he intervenido en varios casos que no tienen otra explicación que la influencia de un poder sobrehumano, y sobre objetos materiales que no tienen entrada en el mundo de la psiquiatría.

Juan García Inza

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