jueves, 1 de noviembre de 2012

LA EUTANASIA: EL ÚLTIMO ENGAÑO


Al *idiota*tenemos que conservarle con vida hasta que sea *productivo*.

Debido a que disminuyen los nacimientos y no hay puestos de trabajo el hombre debe ser explotado y obligado a trabajar hasta el límite de su capacidad. Por tal motivo la edad de la jubilación cada vez es mayor. Pero a pesar de estas medidas el problema no se resuelve, porque se presenta el grave problema económico de tres jubilados por un trabajador. La única solución consiste en eliminar a los ancianos mediante la EUTANASIA, la cual ha iniciado su ingreso de manera oficial en nuestra legislación con el decreto oficial aprobado el 7 de julio de 1993 y del cual hablaremos a continuación:

A LOS SETENTA AÑOS NO HAY OTRA COSA QUE HACER MAS QUE MORIR

De la publicación: AVVENIRE con fecha 11 de febrero de 1994.

*El marido de la Sra. Brith Templer murió. Tenía 72 años y contaba con una lesión en la aorta y podía haberse recuperado si el Hospital Universitario de Copenhagen no le hubiera negado el ingreso*.

-*Querida Señora debe comprender que con lo que vamos a gastar en su marido podemos sanar a tres jóvenes - le respondieron – lo hemos decidido por razones de ahorro… le hemos reservado las camas a las nuevas generaciones, para aquellos que tienen a cargo a una familia y para aquellos que tienen un trabajo al cual regresar*.

MERCADOTECNIA, es precisamente de lo que estamos hablando.

El inútil, que seríamos cada uno de nosotros, se mantiene en vida hasta que somos productivos. Esto sucedió en Dinamarca, país en donde se tenía el mejor servicio médico público en todo el mundo.

Y, ¿qué pasa en Italia?

El modo de actuar del príncipe de la muerte es el mismo. El maquiavélico dicho: el fin justifica los medios se le ha agregado la opinión de Adam Smith: todo se regula por un concepto de mercadeo: en una sociedad donde todo se trata de ganancia o pérdida, de costos y precios no hay lugar para el AMOR.

Esta nueva cultura se inculca desde pequeños. En una caricatura japonesa de la cual vimos un pequeño segmento en la casa de unos amigos mientras sus niños veían la televisión, presentaban a un joven y a un viejo cuyas cabezas estaban unidas por varios cables. A través de instrumentos manejados por un científico, la energía del viejo era pasada al joven, quien tomaba su fuerza mientras el viejo perdía por completo la suya. Finalmente el viejo se doblaba y moría, mientras el joven en pleno vigor corría tras de una enfermera, y los niños que presenciaban la escena reían, reían…

Por otro lado y sin medias tintas en la otra parte del mundo estaba siendo aceptada la EUTANASIA legalmente en Australia. Presentamos a continuación un resumen de un artículo que comenta este hecho publicado en el diario italiano IL MESSAGGERO del 26 de mayo de 1995:

*Por primera vez la eutanasia ha sido legalizada. La histórica decisión fue tomada por el Parlamento del Territorio del Norte de Australia*

Efectivamente el Parlamento australiano aprobó la ley en la cual se legaliza la petición de la *muerte dulce*. En ella se especifica claramente las condiciones en las cuales se puede realizar la eutanasia.

Hagamos una reflexión: ¿Se han preguntado por que estas llamadas *conquistas sociales* se llevan a cabo al mismo tiempo en todo el mundo? La respuesta es muy sencilla: La masonería tiene el control político, social y realiza sus proyectos de manera conjunta. El tiempo está terminando, y satanás sabiendo *que le queda poco* se está apresurándose sobremanera con una furia sobre humana para atrapar entre sus garras a todos y a todo. Pero sus intentos fracasaran porque el triunfo del Corazón Inmaculado de María está a la puerta.

Fracasaran también sus adeptos y ello nos entristece porque ellos representan a nuestros hermanos *cautivos* que la bestia se llevara consigo a los abismos. Recemos por ellos, perdonémosle y amémosle. Tenemos el deber de avisarles del peligro que corren: y ese propósito tienen precisamente estos escritos.

El Vaticano describió estas aprobaciones de la eutanasia como *alucinante y monstruosa*.

P. Andrés de Ascanio

Resumen por: José Miguel Pajares Clausen

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